La cultura está a salvo

Llegaron los artistas, todavía es de día. Algunos bajan instrumentos, otros indican dónde dejarlos. Estudian el lugar, las luces. Las personas que trabajan en el lugar los hacen sentir cómodos, bienvenidos. Los artistas, para que el milagro exista, deben tener un aura. Ellos lo saben. Entonces se comportan como seres especiales: escuchan sonidos ínfimos, resaltan errores imperceptibles para los demás. Hay mucha luz, pocos colores, demasiado contraste. Los artistas están en los detalles, son sensibles y eso los diferencia de las personas que trabajan en el lugar y que ahora les traen tazas de café con medialunas. Juan sabe cargar nueve copas con una mano y cuatro con la otra. Dos de los tres artistas prefieren un jugo de naranjas y una limonada, respectivamente. El cantante tuvo una semana terrible, llena de entrevistas y shows y ahora tiene que cuidarse. La noche es dura. Uno de los hombres que trabaja en el lugar le acerca el jugo junto con una botella de agua mineral sin gas y se lleva las tazas de café, llenas.

Son casi las siete y hace mucho calor, uno de los artistas se queja y el encargado del lugar sale inmediatamente a prender el aire acondicionado y cerrar las persianas. Los artistas encuentran la manera de dar órdenes sin tener que asumir ese papel. Sería lindo, qué pena que no, qué pasaría si, o simplemente un comentario hacia el costado. Los artistas manejan los modales y eso es lo que los diferencia de las personas que trabajan en el lugar que se dirigen entre sí a través de imperativos como traeme esto o alcanzame aquello.

La música de fondo está muy fuerte y no los deja hablar. Eso es algo que pasa en todos los bares, dicen, la gente no sabe escuchar música. Las personas que trabajan en el lugar ponen la radio a todo volumen para preparar las mesas. Laura baila cuando lleva las copas y eso es algo que la diferencia de los artistas que no bailan sino que tocan lo que componen, siguiendo su inspiración. Como los demás comentarios, este también fue una orden y el encargado bajó el volumen casi hasta apagar la radio. ¿Sabés lo que voy a necesitar?, pregunta uno. Que me hagas un favor. Voy a necesitar que armes una mesa en frente al escenario para un grupo de periodistas que invité. Fijate que esté linda, que no les falte nada, viste cómo son los periodistas. Las personas que trabajan en el lugar dejan todo en condiciones. Los periodistas no van a pagar.

Cuando llega la noche, los artistas suben al escenario y recuperan la tradición de los mejores poetas del Río de la Plata, suena impecable: dedican canciones a los seres imprescindibles y recuerdan los valores perdidos de una sociedad que se muerde la cola persiguiendo el dinero y la comodidad. La sala llena aplaude y se identifica. Es hermosa la coincidencia. Van y bien los platos, las empanadas, las cervezas, los mejores vinos. El arte tiene al fin el lugar que se merece, la trascendencia y el respeto. Al nivel de los mejores lugares del país.

Al final del show, los artistas agradecen el trabajo de las personas del lugar, sin las cuales nada de lo sucedido hubiera sido posible. Los artistas saben, a diferencia de las personas que trabajan en el lugar, que la falsa modestia trae mejores resultados que la verdad.

La cultura está a salvo

Ciudad Mística: la Difunta Correa

En Revista DC Viajes

Para caerse de culo: todavía a unos sesenta kilómetros de San Juan, sobre la ruta 141, está el santuario de la Difunta Correa, un templo de la mística popular. En medio del desierto cuyano, la patrona de los caminos tiene su lugar de peregrinación.

La Difunta es un alucinante fenómeno social y religioso absolutamente desvinculado de la iglesia, condición que la vuelve más auténtica aún. Cortita y al pie, la leyenda es la siguiente: durante la primera mitad del Siglo XIX, en época de perpetuas batallas entre unitarios y federales, un reclutamiento de gauchos se lleva al hombre de ella, Deolinda Correa. Decide entonces Deolinda salir con su hijo tras los pasos de él y en el camino desértico muere deshidratada. Sucede que, aún muerta, sigue amamantando a su bebé en medio del descampado cuyano. Unos arrieros que pasaban por el lugar la encuentran tirada con su hijo abrazado a sus pechos y rescatan al enano con vida. Eso es visto como un acontecimiento milagroso y hoy es un mito formidable que trasciende la región. Seguir leyendo “Ciudad Mística: la Difunta Correa”

Ciudad Mística: la Difunta Correa