Veredas

Los puños ajados como bolas de arroz y los dedos machucados y gordos son un racimo de palmitos negros. ¿No te da calor? Los ojos que hicieron la guardia del horror te barren la cara como una escoba de alambres. No te pongas triste. La tristeza es también un privilegio del contraste. Las motos que pasan son moscas amplificadas y sentarse en la vereda siempre va a ser una señal del respeto. La alegría también lo es.

Anuncios
Veredas

Lunes de galera

Ahí está el ruido de la calle, en mi ventana, exodus, movement of jah people. Y yo acá adentro, soy todo furia, jah live, y yo vivo, también. Me miro el pecho y digo, entre tanto pelo, summer is here. Mismo techo, mismas medias y el verano en el pecho, mi pectoral con hueso. Me cansé del cotillón porque las cosas lindas pasan en cuero, incluso en invierno. Roots. Roots. Roots. Todo el día en el concreto y los pies con olor a pasto, a césped, a bosta. La verdad, tanto esperar para acabar contando los dedos, no es justo, no es tierno. No-es-tierno, love is all you need. Estadísticamente si hoy no anduvo, mañana florece, es la naturaleza. Es-la-naturaleza. Mezcla de sales, de fluidos, incluso lentos; mezcla de cada una de las cosas que me hicieron reír y nos reímos juntos, todos los que alguna vez nos reímos juntos. Para eso te trajimos, dijo el ale, feliz cumple pana, hoy es tu cumple. Para eso nos trajeron, so dry your tears, I say. Con el reverso de la mano, con la manga de la camisa, con la etiqueta de la botella: secate las lágrimas. A latir, mi bro, vamos a latir mi bro. Qué lindo es tomar vino y escucharlo a Marley. Todo va a estar bien. Bicho, esa última es para vos bichito, te la dedico como un gol. Con abrazo y gesto obsceno. A latir mi bro.

Lunes de galera

Corre

Y mira, en el cielo, el techo del templo. El único templo. Corre Lola, corre, pero sólo porque es lindo correr. Y porque tu cuerpo va a ponerse viejo, cada día. Y nada más. Vas a volver a perder otra vez: la derrota es lo único que no se agota. Pero no te pongas triste, no. Siempre es mejor la propia bronca: todo sea por la confianza. Y yo confío en vos, confío en mí y en muchas personas que todavía no conozco. All we need is love.

Corre

Better

Ese grito ahí guardado justo abajo de los labios, en sonrisas de rojo tanto y rosa poco y blanco, otra vez, menos que aquella. Musa nerd devenida pop, de ojos cerrados como el temor pero sabios de la paz que generan. Y de cuando canta o habla o simplemente se queda mirándose cuando no encuentra cómo poderse desviar, queriéndose juego de ñiña que golpea sus manos y a veces también aplaude. Todo es, ella lo sabe, confianza, amor y redistribución.

Better

Como dice la canción

Como si fuera acaso suficiente hablar del sistema nervioso, de la actividad eléctrica de la mente o del movimiento rápido de los ojos tapados por los párpados. Son los terrenos baldíos de mi barrio los que inventan la tormenta y la proyectan en la parte interna de mi frente. Entran con el viento, por debajo de la puerta, envueltos en papeles levantados del suelo: hojas de árboles, publicidades y facturas de teléfono. Es por eso que me opongo, así de porfiado, al uso de chorizos de tela y arena que tapan las hendijas de las puertas, el único contacto posible con la calle. Pero a la noche o a la siesta, vuelven esas lluvias en capítulos fragmentados: algunas nacen de puños que por fin se abren, y otras, las peores, vienen escupiendo tierra como soldados que mandan los dueños desde afuera, desde allá, al fondo, ¿los ves? Donde todo se vuelve oscuro. Pero entonces, los charcos de las esquinas hacen su trabajo. Los charcos, los únicos espejos capaces de guardar al sol y repartir colores como guirnaldas incendiadas. Los mismos charcos donde juegan los chicos, donde juega mi hermano que todo lo imagina y de su imaginación van naciendo otros chicos, por el mundo o por el barrio que no es lo mismo, pero es igual. Como dice la canción.

Como dice la canción

Voces: el oficinista

Es el olor a papel, o esa banda de sonido que son los teclados y ventiladores de las computadoras. Eso me falta los domingos y los lunes al desayuno. Entonces camino por la cocina y me vuelvo al ropero contando las camisas y los nudos de corbatas que nunca desato antes de colgar. A los zapatos, los miro frente a un foco y me corro. Un paso a la izquierda, otro paso a la derecha, buscándoles el brillo en el taco y en la punta.  Es la expectativa, mis días libres son la expectativa. Las ganas de volver, de cruzar la puerta espejada y golpearme otra vez con ese olor a café de máquina, con el desodorante de Manuel y las disculpas de Micaela: llegué tarde, se me enfermó la nena. Todo pasa en ese box, en ese mundo, mi mundo en miniaturas. Y a veces salgo, sólo cuando es necesario, para tener de pronto que volver, porque mis cosas están ahí y nada es cierto hasta que no se extraña, ¿no?

Voces: el oficinista