Si lo pensaste es posible

Lo único imposible es vivir con miedo

Capo, maestro, capo.

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Si lo pensaste es posible

Nota en la heladera

Como esas teorías del desarrollo que se explican por las condiciones climáticas:  por qué iba a desarrollar tecnología la gente y los países que encontraban la felicidad comiendo de los arboles, hablando con los vecinos, pateando pelotas con la rodilla. Uno de esos pueblos al lado del mar voy a ser yo, uno de esos montones de casas llovidas sobre cualquier valle de frutas tropicales. Una de esas maquinas de latir quemadas por el sol y con un manual de instrucciones que cabe entero en el reverso de una tarjeta personal.

Nota en la heladera

Nuevo

Al asesino de los puertos calmos lo persiguen por plagio.

Mis amigos y amores van a ser las caras de los billetes de veinte, de cinco y de dos, los nombres de las capitales y las calles de mi barrio: todo lo demás siempre será injusto.

Apenas estoy aprendiendo a mirar y ya mis ojos se cansaron de brillar, como dos bolas de pool pintadas con cal, como el cuero blanco de mis zapatillas de correr. Hay tanto olor a bosta. Momentos haitianos de la humanidad: dios nunca existió. Momentos solemnes de la expresividad: solo quiero ser un enfermero.

//Este mundo extrañará por siempre la película que vi una vez //

Hay tanta semántica y do do do, da da da, Is all I want to say to you.

Cambiamos de ropas y el cuero de la espalda.

Vamos a despertarnos temprano hoy,

si es que siempre vamos a

empezar de Nuevo.

Nuevo

Diálogos dentados 3

-Compré una moto, un perro, dejé la universidad y conseguí trabajo
-Son las tres de la mañana
-La última vez que te vi tenías la cara hundida en la almohada
-Ya me levanté
-¿Te molesta que te llame?
-Sí
-¿Todavía dormís a la izquierda?
-Sí.
-¿Me abrís?
-Pasá, la puerta está abierta
-No te voy a tocar
-Eso está bien

Diálogos dentados 3

Diálogos dentados / 2

Uno, dos, tres, cuenta las veces que se preguntó para qué se levantó.
-¿Me ayudás?
-Sí.
Y entonces ella saca las tetas por el costado de su camisón, con las dos manos como haciéndole una ofrenda. Lo mira a los ojos con la cara de un ángel envejecido que conoce su oficio como ningún otro.
-Yo preparo el desayuno, mi amor –dice él-
Cinco minutos después, el humo de las tostadas inunda la casa de un olor a felicidad y armonía que deja los corazones listos para toda ingratitud.

Diálogos dentados / 2