Viaje a un minúsculo planeta

Un desafío: escuchá este tema, tranquilo.
Cuando vuelvas, contame, ¿cuánto tiempo cuesta un viaje a un minúsculo planeta?
Música sin grandilocuencia, acupuntura indolora. Canciones hechas de detalles, con sobrantes de tela.
La respiración de un topo. El parador en una ruta inacabable. Los sonidos adentro de un calefón.
Como un aerolínea sin bandera, VMP se detiene donde quiere. Y vuelve a levantar. También cuando quiere.
Vamos a verlo este jueves. Música que rasca donde pica.
Viaje a un mínúsculo planeta:
Ellos son: Julián Barbieri en piano, Santiago Viale en bajo eléctrico y Simon Beaulieu en batería.
Este Jueves en Cocina de Culturas, 22:30hs / $20
Reservas: 4862689 / info@cocinadeculturas.com.ar
Viaje a un minúsculo planeta

Nicanor Jerónimo Vega

Nicanor Jerónimo Vega. Artista callejero de la ciudad de Córdoba. Creador inagotable y fuente de vibraciones positivas. Es autor de cientos de cuentos y poemas. Narrador exquisito, Nicanor cuenta y abre los ojos como portones, brilla y se le arruga la cara en miles de arroyos de piel que terminan en sonrisa. Presentábamos la revista “De 7 a 7” del Programa Derecho a la Cultura en Cocina de Culturas y, como un blusero del Bronx de Nueva York, se paró e improvisó junto a Marcos Luc y Horacio Sosa una canción que nos puso a todos de pie transformó el espacio, como cada vez que interviene.

Nicanor Jerónimo Vega

Una historia de andar

Por Graciela del Carmen Peralta, en Revista De 7 a 7

Yo soy una de las tres novias de él.

A los dos nos dejaron tirados a los ocho años.

Yo también tenía otros novios.

Él se casó y quedó viudo.

Se volvió a casar y también quedó viudo. 

Ahora está con la madre.

El padre no, él era bravísimo, malo, militar, yo nunca vi a alguien tan malo. Así era también mi mamá, hasta que ella murió.

No nos dejaban jugar.

Hacíamos tortas, buñuelos, yo cantaba y hacía historietas.

Caminaba.

Todavía me agarra la loca por ahí y me voy a cantar afuera.

Y con él, bueno, nos vemos a veces, por ahí, cuando lo veo.

Él es un amor. 

Una historia de andar

Hermosa y valiente columna de fito en P12, lo banco

LA MITAD

Nunca Buenos Aires estuvo menos misteriosa que hoy. Nunca estuvo más lejos de ser esa ciudad deseada por todos. Hoy hecha un estropajo, convertida en una feria de globos que vende libros igual que hamburguesas, la mitad de sus habitantes vuelve a celebrar su fiesta de pequeñas conveniencias. A la mitad de los porteños le gusta tener el bolsillo lleno, a costa de qué, no importa. A la mitad de los porteños le encanta aparentar más que ser. No porque no puedan. Es que no quieren ser. Y lo que esa mitad está siendo o en lo que se está transformando, cada vez con más vehemencia desde hace unas décadas, repugna. Hablo por la aplastante mayoría macrista que se impuso con el límpido voto republicano, que hoy probablemente se esconda bajo algún disfraz progresista, como lo hicieron los que “no votaron a Menem la segunda vez”, por la vergüenza que implica saberse mezquinos.

Aquí la mitad de los porteños prefiere seguir intentando resolver el mundo desde las mesas de los bares, los taxis, atontándose cada vez más con profetas del vacío disfrazados de entretenedores familiares televisivos porque “a la gente le gusta divertirse”, asistir a cualquier evento público a cambio de aparecer en una fotografía en revistas de ¿moda?, sentirse molesto ante cualquier idea ligada a los derechos humanos, casi como si se hablara de “lo que no se puede nombrar” o pasar el día tuiteando estupideces que no le interesan a nadie. Mirar para otro lado si es necesario y afecta los intereses morales y económicos del jefe de la tribu y siempre, siempre hacer caso a lo que mandan Dios y las buenas costumbres.

Da asco la mitad de Buenos Aires. Hace tiempo que lo vengo sintiendo. Es difícil de diagnosticarse algo tan pesado. Pero por el momento no cabe otra. Dícese así: “Repulsión por la mitad de una ciudad que supo ser maravillosa con gente maravillosa”, “efecto de decepción profunda ante la necedad general de una ciudad que supo ser modelo de casa y vanguardia en el mundo entero”, “acceso de risa histérica que aniquila el humor y conduce a la sicosis”, “efecto manicomio”. Siento que el cuerpo celeste de la ciudad se retuerce en arcadas al ver a toda esta jauría de ineptos e incapaces llevar por sus calles una corona de oro, que hoy les corresponde por el voto popular pero que no está hecha a su medida.

No quiero eufemismos.

Buenos Aires quiere un gobierno de derechas. Pero de derechas con paperas. Simplones escondiéndose detrás de la máscara siniestra de las fuerzas ocultas inmanentes de la Argentina, que no van a entregar tan fácilmente lo que siempre tuvieron: las riendas del dolor, la ignorancia y la hipocresía de este país. Gente con ideas para pocos. Gente egoísta. Gente sin swing. Eso es lo que la mitad de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires quiere para sí misma.

* Vecino de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Hermosa y valiente columna de fito en P12, lo banco

Fulbazo

El viernes a las siete y media se presentan dos nuevos capítulos de un trabajo de años. Fulbazo es la literatura puesta al servicio del encuentro, enorme paradoja de este arte conocido por su forma individual. Fulbazo es el espejo roto de aquella imagen solitaria de una persona frente a un libro o a una hoja de papel. Cada número del proyecto Fulbazo junta las historias con ilustraciones de diferentes disciplinas: el dibujo, la pintura, el grabado, los objetos, la fotografía, el collage, la escultura y el diseño. ¿Cómo iba a escribir cuentos de fútbol sentado solo desde el escritorio de su casa? Son más de trece los artistas de este equipo que trabaja de contar historias. Muy bonito, pero el tema es que así solo se empieza: el libro en la mano es el lugar desde donde comienza a tejerse el verdadero recorrido de Fulbazo. Los dos mil ejemplares gratuitos de cada uno de los cuentos empiezan a moverse en encuentros grupales, principalmente entre adolescentes y jóvenes, que primero leen y después rescatan sus propias historias, pequeñas radiografías de sus vidas y del momento de los grupos. Amor y fútbol. Violencia, política y soledad. La calle y los derechos humanos. El trabajo en equipo: los recorridos de las reuniones lo definen los intereses de los grupos. Como le gusta citar al autor de estos cuentos, así en el futbol como en la vida. Los libros están siendo trabajados y distribuidos en instituciones que desarrollan actividades con adolescentes y jóvenes como el Archivo Provincial de la Memoria, Centro Socio Educativo Lelikelén, Complejo Esperanza, Albergue Municipal Sol de Noche, organizaciones no gubernamentales, centros vecinales, colegios secundarios, clubes y cualquier otra institución o grupo que se contacte con el autor. El disparador es siempre un fulbazo, un pelotazo a la quietud y a las formas tradicionales de trabajar con la escritura y con los grupos de jóvenes. Estas historias abren el juego. Después, lo que cada uno haga con la pelota es, por suerte, decisión de cada jugador.

Fulbazo

La piel misma

Cadáver exquisito en el Club Los Vaqueros

Esta mañana fue maravillosa, llena de sol. Viva la vida que siempre da otra oportunidad. Revancha que le dicen, ¿o no es igual? Lo importante es andarse erecto, orgulloso de sí mismo. O sacarse las piedras de los zapatos, o donar los órganos, cambiar el documento y ser otro. O ser otro a partir de tu mirada, o ser otro desde la piel misma que siente el calor de los besos, la suavidad de tus manos que acarician mi corazón. La frescura de tus sonrisas que alivian el andar porque así lo quiso la vida, porque así lo elijo yo. Porque me da placer y me la banco. Estoy tan segura, muy segura. Tanto que desconfío: yo que nunca tuve certezas me levanté y supe que la verdad es un frasco de ciruelas. Saqué una entera, la mordí y sentí un pinchazo en el corazón. El médico dijo que era hereditario, de padre remolacha. Pero el padre y el hijo se negaron a aceptarlo… esas cosas no se cargan. Es necesario soltarlo, dejarlo ir. Sólo así es posible liberarse de tanto dolor.

La piel misma