Primarios auxilios

Teníamos once, o diez, no se; vos a veces tenías un año más que yo. Yo conocía mis chances y te lo iba a decir a la salida, pero no me animé. En cambio me quedé en el quiosco y seguí dando vueltas por la Fader hasta que se fueran todos. Me saqué el guardapolvos y empecé a hacer jueguitos con una naranja amarga que me mojó las medias. Media hora más tarde fui a tu casa. Vos mirabas por la ventana y te reías como te reías cuando entrabas a la mañana y me mirabas en el aula. Eran dos segundos. Yo toqué timbre y esperaba que no me atendiera tu vieja o tu hermano Conrado, pero saliste vos y nos sentamos en la tapia. Ahí en los ladrillos la palabra novia me salió por la nariz, como si la hubiera dicho con un trombón y no con mi boca enlatada. Vos aceptaste o moviste un poco la cabeza y entonces nos miramos las zapatillas. Mis adidas blancas estaban manchadas con polvo de ladrillo. A las tuyas no las vi, tenia mucho miedo de que te dieras cuenta.

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