Octubre del 2005, Revista Contramano
Ciudad de Mis Sueños, Las Delicias, Ciudad de Los Cuartetos, Lomas de la Carolina, Ciudad Evita, Country Jockey club, ciudades adentro de la ciudad, barrios que funcionan como ciudad. Cada uno de estos lugares fue concebido con la idea explícita de evitar que sus habitantes abandonen el nuevo espacio. Al ritmo de los miedos y el negocio inmobiliario Córdoba va mutando con asombrosa velocidad y son cada vez más los habitantes que pueden vivir en ella prácticamente sin ningún punto de conexión.
La forma de la ciudad, como un espejo, devuelve a quien la mira el reflejo de su orden social. Así, echar un vistazo sobre Córdoba refleja un paisaje que presenta progresivamente un archipiélago de islas, parches inconexos, que cuestionan los propios fundamentos de la ciudad, cualquiera sea y los principios básicos de la ciudadanía, entendida ésta como la convivencia organizada de la heterogeneidad, la comunicación y la participación efectiva de sus miembros en la organización de la ciudad.
Hace tiempo ya que el capital viene abriéndose camino sin pedir demasiado permiso, al punto tal que se hizo habitual escuchar hablar en ciertas ocasiones del mercado y el gobierno prácticamente sin distinción, como si fueran éstos, en la práctica, un mismo actor (la relación Bugliotti- De la Sota podría oficiar de ejemplo). En la Argentina de los últimos quince años el neoliberalismo fue la procesadora que se dedicó a convertir la propiedad pública en propiedad privada y a las organizaciones colectivas en individuos aislados. En las ciudades, particularmente en Córdoba, la cara de este cambio involutivo pareciera manifestarse fundamentalmente en el aumento de la polarización social y en la tendencia a la creciente ghettización de los distintos grupos sociales.
En el periodo que va desde el año 1991 a esta parte la casi totalidad de intervenciones habitacionales se localizaron en la periferia de la ciudad. Sin embargo, lo llamativo de este tipo de crecimiento por expansión, es decir por incorporación de superficie urbanizada, es que a diferencia del crecimiento urbano de periodos anteriores, los dos tipos de intervenciones que predominaron consistieron en:
a) La construcción de urbanizaciones privadas dirigidas a un segmento de altos y muy altos ingresos (incorporando recientemente a las capas medias).
b) El desarrollo de programas de urbanización y vivienda subsidiada implementados por el Estado y otros agentes (ONG´s) condicionados por las posibilidades de acceso al suelo (Marengo y Falú, 2004).
Como conejos se reproducen los barrios- ciudades de los planes de vivienda provincial, countries, barrios privados y demás ghettos de elite que apuntan decididamente ahora, según anuncia la revista empresarial Punto a Punto, a incorporar los favores de la clase media mejor acomodada.
Córdoba crece hacia afuera creando poblaciones cerradas, social y económicamente homogéneas distanciadas entre sí por una especie de “cinturón” que “prohíbe” el acceso a ciertas zonas de la ciudad. Resulta alarmante escuchar así, por ejemplo, que existan en los nuevos barrios pobres de la periferia, casos de allanamientos ilegales practicados por la policía que no son denunciados justamente por la imposibilidad económica de acceder al centro de la ciudad. Evidentemente la criminalización de la pobreza es, en este proceso de alejamiento- encerramiento de los pobres, uno de sus más sinceros orígenes.
Se sabe ya de lo ocurrido en barrio Matienzo con la negativa de los vecinos a la relocalización de barrios urbano- marginales y, en Villa La Maternidad, con el desalojo forzado de familias que se resisten a ser trasladadas a los nuevos barrios sociales del gobierno. Estos dos casos paradigmáticos de la desintegración social dan cuenta, por una parte, del escenario de fragmentación social y socioespacial en que vivimos y, por otra, de la pérdida de voluntad y capacidad del Estado de pensar y proyectar la ciudad en términos integradores. El nuevo mapa urbano empieza a mostrar, como un adolescente, los rasgos más definidos de un cuerpo que se está formando y cuyo rostro no parece estar mirándonos muy amablemente.
Mañana será otro día… y otra ciudad
Si bien es cierto que existen en Córdoba todavía muchos espacios de confluencia y encuentro entre sectores y donde evidentemente no toda la ciudad está fragmentada, cabe preguntarse por las consecuencias de esta tendencia concreta a la ghettización donde no sólo se encierran y son encerradas las capas que ocupan los extremos del espectro social, sino que también son afectados -y cada vez con mayor frecuencia- parte de los sectores medios.
Vale recordar que a diferencia de lo que fatalmente nos aparece como invariable, el sistema de relaciones no es una abstracción, sino que está hecho de relaciones concretas entre personas e instituciones que se configuran y reconfiguran permanentemente. La construcción de la identidad, el sentimiento de pertenencia a un territorio, la autonomía política y las visiones de desarrollo se construyen primeramente y con enorme intensidad desde el ámbito de lo local, de la calle, del barrio, de la ciudad.
En base a las representaciones que sobre la ciudad tenemos, a la manera en que la percibimos, es que pretendemos transformarla o mantenerla. Así, el eventual sentido de transformación de la ciudad se definirá fundamentalmente, para decirlo de alguna manera, por el modo en que la hayamos vivido como realidad sensual y social, en nuestro proceso de socialización. Es por esto que, pensando a mediano plazo, cobra sentido la gravedad del surgimiento de futuras generaciones que reproducirán esquemas de pensamiento basados en una idea de ciudad organizada despojando al territorio de su valor y capacidad para organizar y otorgar identidad.
Por otra parte, las relaciones de las personas con el espacio son también, y fundamentalmente, relaciones simbólicas. Es indignante ver entonces como, en lo que sería un verdadero arrebato se planea, por ejemplo, la construcción de una cancha de golf sobre la recientemente erradicada villa La Pequeña en la zona del Valle del Cerro. O retomando el tema de los desalojos de Villa La maternidad, vale preguntarse ¿Qué analista habrá interpretado los sueños de aquella gente trasladada por la fuerza y con tanta impunidad a la ciudad de sus Sueños? Beatriz Sarlo llama a esto la blitzkrieg simbólica, un ataque permanente y masivo de violencia simbólica que golpea la cabeza moldeando así los imaginarios sociales, la manera en que nos representamos la ciudad y las relaciones de poder dentro de ella. El autodesprecio de los despreciados es la culminación de esta guerra: una vez naturalizado el orden social, reproducirlo resulta infinitamente más sencillo.
La batalla por el espacio desnuda la multiplicidad de problemáticas que encierra la estructura social cordobesa que trenza sobre una misma trama, cuestiones económicas, sociales, políticas, culturales, espaciales e históricas. Urge volver a pensar a Córdoba como un lugar donde el espacio público sea contencioso de la deseable diversidad propia de la convivencia de distintos grupos sociales. Mañana será otro día y ese día se está gestando hoy. Mañana habrá también otra ciudad y esa otra ciudad, aunque silenciosamente, también se está moldeando hoy.


[...] publicado por Natalia Tescione en Revista Contramano en Octubre del 2005, junto a un texto sobre el proceso de fragmentación socioespacial en la [...]