Recientemente se armó un escándalo en las redes sociales en relación a un monólogo de Elisa Gagliano. Los medios, como acostumbran hacer, se nutren de este micromundo de cobardía. 100 pelotudos insultando por facebook, se transforman en una noticia. Vamos, esto no es noticia. Es tremendamente evidente que Gagliano hace humor (y lo hace demasiado bien) y que los “proteccionistas” son un grupo de Facebook -con mucho tiempo- que no pueden identificar un antagonista real. ¿Qué clase de organización social o política funciona sin antagonistas?: sólo las que no tienen ideas. Entonces, ¿qué pasó? Bueno, es bastante claro: una persona identifica una agresión (donde no la hay), viraliza su interpretación y eso se transforma en una noticia. Es una ecuación muy sencilla. Así funcionan las redes sociales, ese es el juego efímero que opera. Gagliano dice lo que piensa en clave de humor (es su trabajo): ya lo hizo contra el machismo, contra la cobardía, contra los que se niegan a legalizar el aborto, contra la iglesia. Como ella sí tiene ideas, también tiene antagonistas. Dejemos de hablar de esto y se acaba. Acá no hay NINGUNA DISCUSIÓN de nada. No hay ningún problema, ¿se entiende? Este espacio sólo sirve para que sigan insultando. No hay nada de fondo, son un tributo a la cobardía y a la liviandad que promueven las redes sociales. Jugar a eso es darle entidad. Sería muy bueno que los proteccionistas sigan trabajando en proteger a los animales o lo que fuera que hagan. Esto es así, la vida es conflicto, pero este juego de insultos es una burrada (sin ofender al burro, claro).

En REVISTA MATICES de Mayo

Más conocido por ser uno de los fundadores del Rock Nacional que por sus últimos discos, Litto Nebbia es un artista generoso, referente de cientos de músicos mucho más jóvenes que él. Su sello discográfico, Melopea, lleva producidos más de 100 trabajos de manera independiente. Sostiene que las narraciones sobre los orígenes del rock nacional son un relato construido desde el presente y que muchas veces nada tienen que ver con la realidad de aquél momento. Son pura paja, explica.

Frontal, casi enojado, con esa prestancia agotada propia de las personas que han vivido miles de veces la misma situación. Otra entrevista en el living de un hotel, antes de un nuevo recital: hasta los más rockeros encuentran una rutina que los agota. La primera pregunta lo pone de mal humor, es un tema que evidentemente le molesta y la conversación toma un cauce amarillento .

-Recientemente, la revista Matices discutió en un ciclo de música sobre el rock nacional desde sus orígenes a esta parte. En esas charlas, se habló de un momento de castellanización y latinoamericanización del rock. ¿Crees que de alguna manera Los Gatos y otras bandas de principios de los años 60´s fueron los traductores y los que reinterpretaron el rock que llegaba cantado en inglés?

-No, yo no siento nada en relación a eso que me decís, nosotros inventamos esto.  A lo mejor a la verdad la saben los historiadores, no sé quién si no. A mí se me ocurría escribir las canciones en castellano porque hablo castellano. Si no, escribiría en japonés. Nada más. Nosotros no traspasamos nada, lo que hacíamos era escribir una música que respondía a nuestra situación sociológica, generacional, a nuestra edad. Escribís canciones sobre cosas que te pasan en tu adolescencia, como en todas las historias del mundo y en todas las músicas del mundo. En ese momento ocurrió un fenómeno con la juventud en el mundo entero que abarcaba no solamente la música ni tampoco el rock, sino que tenía que ver con el nuevo periodismo y el despertar de cuestiones latinoamericanas, la artesanía, la poesía, el Mayo Francés, el Cinema Novo brasilero, era un quilombo que pasaba en el mundo entero. Bueno, acá lo que pasó desde la música fue que uno empezó a escribir esas canciones y sacó los grupos que sacó. Ocurría en esa época que nosotros éramos tipos que pensaban, no te quiero decir que teníamos una conciencia fría, sino que respondíamos naturalmente a una esencia que uno tiene que tener. Si vos naciste en Venado Tuerto y querés cantar en Holandés, andate a vivir a Amsterdam. Leer el resto de esta entrada »

Carteles

Posted: mayo 4, 2012 in Artículos
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Texto editorial publicado en la Gaceta Deodoro de Mayo (Imagen de Lucas Aguirre)

Hace pocos años leí un cartel en pleno centro de La Paz, en Bolivia, que me pareció obsceno, casi pornográfico. Se veía de espaldas a un hombre en mameluco limpiando los vidrios de un edificio espejado, muy moderno. Al costado de la imagen, una leyenda preguntaba, ¿De qué lado quiere que trabaje su hijo? Lo firmaba la Universidad del Valle: una excelente formación significa más y mejores oportunidades. Me acuerdo también que tuve la sensación de que los límites de la tolerancia a la violencia se habían estirado demasiado. En Bolivia, pensaba.

Un cartel –explican los publicistas– necesita de dos certezas: atracción y síntesis conceptual. Y los carteles reflejan de alguna manera los puntos de sutura de las sociedades, las fronteras. Es muy raro que un cartel genere repudio, son muy pocos los casos en que producen un rechazo manifiesto: ese sería un fracaso imperdonable de la publicidad. De esta manera podría afirmar, sin correr demasiados riesgos, que todos los carteles de la vía pública comparten una idea de lo predecible, de todo aquello que está socialmente aceptado como una realidad compartida. Bien o mal, de acuerdo con ellos o no, los carteles evocan, demuestran, sugieren, pero siempre dentro del universo de lo socialmente compartido. Y en este sentido, son un verdadero síntoma.

Cuando a veces aseguramos que el neoliberalismo fue parte de otra época, me pregunto hasta cuándo va a durar esta resaca. Dos carteles me llamaron la atención en las calles de Córdoba, y cuando los vi a los dos en la misma cuadra sentí que volvía a componer –salvando distancias de grado– aquel horrible cartel de La Paz, en Bolivia, hace algunos años atrás. El primero de ellos decía, Si algo no te gusta, cambialo. En el segundo se leía, Programa Primer Paso, Vuelve la esperanza. Los dos carteles hablaban del trabajo y estaban dirigidos a grupos de jóvenes. El primero asociaba el trabajo a la vocación; el segundo a la salvación. Se habían dividido las tareas: los primeros iban a formar líderes mientras que los segundos iban a formar empleados agradecidos por la supervivencia. Y lo curioso no es, claro, que el primero de los dos carteles, el de lenguaje prepotente, pertenezca a una universidad privada, sino que el segundo, aquel que comparte el lenguaje de la apuesta, sea una política pública. El Estado –como en aquella época que creíamos pasada– no considera que el trabajo sea un derecho, sino un privilegio; no ofrece garantías, sino chances. Es notable qué bien se complementan a veces –como suele decirse en campaña– el sector público y el privado.

En este mes de mayo, a exactos 20 años de la muerte de Atahualpa Yupanqui y prendidos a la magia de los caminos, continuamos una vieja costumbre del cantautor: preguntarnos por todo para que cada vez menos cosas nos parezcan normales porque sí.

Será mejor

Posted: abril 26, 2012 in Está pasando, Instantáneas

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La Negación del Interior

Posted: abril 19, 2012 in Artículos

En La Luciérnaga de Abril

Vivimos tiempos de sanas reediciones de viejos debates. Son cosas que pasan, pienso, cuando se cuestionan las bases mismas de la identidad, de un país, de una persona, de una región. Sin embargo estas situaciones son sólo posibles cuando hay espacio para la discusión, para el pensamiento y para el cambio. Como ahora.

Uno de estos puntos –tal vez el más desequilibrante- es la discusión que se mantiene acerca del federalismo y de los posicionamientos de las provincias de aquella difusa área llamada el Interior, frente al poder central de Capital Federal y la abrumadora mayoría del Gran Buenos Aires. El pico más alto de esta tensión –todos lo sabemos- fue el famoso conflicto del campo, en julio del año 2008, cuyas secuelas aún perduran.

Aquel paro agropecuario –Lock out- impulsado por la oligarquía agro-ganadera tuvo un eco masivo en grandes sectores de la población (incluyendo también a sectores populares), principalmente en los pueblos que rodean a la pampa argentina, altamente dependiente de las producciones primarias y enormemente beneficiada en el último decenio. Este conflicto de intereses se tradujo en una disputa por el sentido del ser nacional enfrentando, como en viajes épocas, a algo así como unitarios y federales. Falsa pantomima.

Pero en este contexto, entre otras cosas, es la propia idea de Interior la que está en discusión, ese concepto que aglutina (y que el diario más importante de nuestra provincia toma como nombre propio) pero que finalmente fragmenta. Pensar esa enorme diversidad (cultural, estética, paisajística, histórica, económica) dentro de una misma categoría como lo hacen por ejemplo los grandes diarios nacionales o algunos canales de televisión incluyendo suplementos o bloques llamados Interior con espacios, en general, narrados desde una perspectiva porteña, casi antropológica, es un intento estéril y de un enorme grado de ignorancia y subestimación.

La contrapropuesta más tremenda en nombre del federalismo fue sin dudas el cordobesismo, sus expresiones santafesinas y las decenas de intentos por lograr que los gobernadores acabaran con poderes ampliados. Es una versión diluida de los intentos separatistas que conocemos en otros países (Bolivia, con Santa Cruz, por ejemplo) y cuyo discurso podría resumirse en algo así como: si mi región aporta $100 en impuestos, debe recibir $100 en obras o en coparticipación. Es la negación total y absoluta de la solidaridad. Es como si las personas que más deben aportar en concepto de ingreso a las ganancias fueran los más beneficiados por el Estado. Cualquier semejanza con la realidad, es pura coincidencia.

Las provincias, los países, las regiones, son comunidades imaginadas que reflejan mayor o menor homogeneidad también a través de sus diferencias consigo mismas. No son pocos los que afirman que la única patria es el barrio (En San Vicente esto ya es un mito). Los países son -además de una unidad administrativa- un conjunto de solidaridades. Menos categorías y más oídis. Misiones, Córdoba, Jujuy, Chubut, Cruz del eje. San Vicente.

El Interior no existe.

Estamos voy y yo,

y la cultura que hay entre los dos.

A otro perro con ese hueso.

La invención del pedestal

Posted: abril 5, 2012 in Artículos

En Deodoro, Abril, 2011

Militantes o mendigos de reconocimiento; personas genuinamente involucradas en sus demandas o expertos del marketing personal. De una manera u otra, decenas de famosos artistas alzaron sus voces en los últimos meses en relación a causas sociales y políticas. ¿Cómo se alimentan unos y otros? ¿Cuáles son los límites de los poderes que el escenario otorga?

 

“Cada vez es mayor el número de cantantes y músicos latinos que ponen su fama al servicio de campañas de prevención o a favor de los más pobres”: titulares como estos aparecen constantemente en diarios y revistas. Desde Roger Waters a Raly Barrionuevo, pasando por Fito Páez, Sabina, Serrat, René de Calle 13 y el propio Morrisey se manifestaron públicamente en relación a temas tan diversos como la soberanía de Malvinas, las elecciones porteñas o la minería a cielo abierto. Fue también decisivo, por ejemplo, el apoyo de un grupo grande de artistas involucrados en la campaña de gobierno de Cristina Fernández o en vastos ejemplos de publicidad oficial en las que aparecen acompañando políticas de estado. Pensemos por ejemplo en la convocatoria a la renuncia voluntaria al subsidio del Estado nacional, casi completamente difundida por artistas.

La disputa política utilizó en esos días cada una de sus declaraciones para alimentar sus propias posiciones. El trabajo artístico de, fundamentalmente, actores y cantantes (¿existen oficios más nobles que otros?) brinda una especie de amparo o garantía de transparencia en algunos temas que la política tradicional ha sabido aprovechar en incontables momentos de la historia. Al mismo tiempo, muchos artistas supieron dar sentido a sus propias creaciones con la noble pasta de las demandas populares transformadas en remeras o en titulares de revistas. La banalidad del bien: así llamó Eduardo Grüner al apoyo brindado a causas desconocidas, pero políticamente correctas. Pero los cálculos de efecto, se sabe, nunca suelen dar resultados duraderos. Paula Sibilia lo explica así en La mujer de mi vida tomando como referencia al dramaturgo alemán Von Kleist: son demasiado sutiles las artimañas para que la performance parezca auténtica. Cuando uno se convierte en un espectáculo montado con ahínco para seducir a los ojos del otro, fatalmente, cae en des-gracia.

La cuestión es que, movidos por un impulso sincero o especulando con una mayor visibilidad, muchos artistas populares utilizan el micrófono abierto que supieron conseguir a través de su trabajo artístico para mover de un cimbronazo el clima político a través de un comentario. Cuando Fito Páez, por ejemplo, escribió que la mitad de los porteños le daba asco, se especulaba con un importante efecto contraproducente a las intenciones de voto de Daniel Filmus en las elecciones de la ciudad de Buenos Aires, favoreciendo aún más las chances de Mauricio Macri. ¿Qué mecanismos le dan a Páez esa importancia? ¿Es consciente Páez de las repercusiones de sus palabras?

Pienso también, por ejemplo, en René, cantante de la banda puertorriqueña Calle 13 cuando en cada uno de sus recitales difunde consignas escritas sobre su cuerpo. No importa donde se encuentre: Colombia, España, Argentina. Son golpes de alto efecto mediático que generan una enorme identificación. O cuando en uno de sus temas más populares el propio René canta su “Calma pueblo que aquí estoy yo”. Este creo que es un ejemplo significativo: la voz de los que no tienen voz –idea que subyace detrás de muchos de los que toman el micrófono o suben tentados a ese pedestal– es un concepto de representación añeja, acuñada por una idea de militancia iluminada de otra época. La personificación de la protesta pienso, lejos de empoderar a los demandantes, acaba enflaqueciéndolos. El zapatismo, por poner un contraejemplo, construyó toda su significancia a partir de la invisibilización del liderazgo: cualquier rostro encapuchado puede ser la voz de los sin voz. Leer el resto de esta entrada »

La cultura está a salvo

Posted: marzo 11, 2012 in Impresentables, YoLoVí

Llegaron los artistas, todavía es de día. Algunos bajan instrumentos, otros indican dónde dejarlos. Estudian el lugar, las luces. Las personas que trabajan en el lugar los hacen sentir cómodos, bienvenidos. Los artistas, para que el milagro exista, deben tener un aura. Ellos lo saben. Entonces se comportan como seres especiales: escuchan sonidos ínfimos, resaltan errores imperceptibles para los demás. Hay mucha luz, pocos colores, demasiado contraste. Los artistas están en los detalles, son sensibles y eso los diferencia de las personas que trabajan en el lugar y que ahora les traen tazas de café con medialunas. Juan sabe cargar nueve copas con una mano y cuatro con la otra. Dos de los tres artistas prefieren un jugo de naranjas y una limonada, respectivamente. El cantante tuvo una semana terrible, llena de entrevistas y shows y ahora tiene que cuidarse. La noche es dura. Uno de los hombres que trabaja en el lugar le acerca el jugo junto con una botella de agua mineral sin gas y se lleva las tazas de café, llenas.

Son casi las siete y hace mucho calor, uno de los artistas se queja y el encargado del lugar sale inmediatamente a prender el aire acondicionado y cerrar las persianas. Los artistas encuentran la manera de dar órdenes sin tener que asumir ese papel. Sería lindo, qué pena que no, qué pasaría si, o simplemente un comentario hacia el costado. Los artistas manejan los modales y eso es lo que los diferencia de las personas que trabajan en el lugar que se dirigen entre sí a través de imperativos como traeme esto o alcanzame aquello.

La música de fondo está muy fuerte y no los deja hablar. Eso es algo que pasa en todos los bares, dicen, la gente no sabe escuchar música. Las personas que trabajan en el lugar ponen la radio a todo volumen para preparar las mesas. Laura baila cuando lleva las copas y eso es algo que la diferencia de los artistas que no bailan sino que tocan lo que componen, siguiendo su inspiración. Como los demás comentarios, este también fue una orden y el encargado bajó el volumen casi hasta apagar la radio. ¿Sabés lo que voy a necesitar?, pregunta uno. Que me hagas un favor. Voy a necesitar que armes una mesa en frente al escenario para un grupo de periodistas que invité. Fijate que esté linda, que no les falte nada, viste cómo son los periodistas. Las personas que trabajan en el lugar dejan todo en condiciones. Los periodistas no van a pagar.

Cuando llega la noche, los artistas suben al escenario y recuperan la tradición de los mejores poetas del Río de la Plata, suena impecable: dedican canciones a los seres imprescindibles y recuerdan los valores perdidos de una sociedad que se muerde la cola persiguiendo el dinero y la comodidad. La sala llena aplaude y se identifica. Es hermosa la coincidencia. Van y bien los platos, las empanadas, las cervezas, los mejores vinos. El arte tiene al fin el lugar que se merece, la trascendencia y el respeto. Al nivel de los mejores lugares del país.

Al final del show, los artistas agradecen el trabajo de las personas del lugar, sin las cuales nada de lo sucedido hubiera sido posible. Los artistas saben, a diferencia de las personas que trabajan en el lugar, que la falsa modestia trae mejores resultados que la verdad.